Jornada 2ª: Feme Sport Rivas (3) - Rayo Usera (5)
Si a que la fe mueve montañas le sumamos la objetividad de la estadística, la victoria del Rayo se presenta ineludible. Cuando se dispara más de 30 veces a la portería del rival y se supera el bache moral que supone que te remonten el partido, no se puede hacer otra cosa que ganar.
Desde el primer momento, el Rayo Usera se plantó en la pista tomando el control del partido y abriendo fuego. El Sport Rivas esperaba agazapado tras su doble penalti facilitando los disparos lejanos, un suicidio teniendo en cuenta la "categoría" de sus porteros. Aún así, el marcador se abrió después de una gran jugada colectiva culminada por Vivar desde dentro del área. El equipo visitante movía el balón sin complicaciones gracias a la paciencia y a la debilidad defensiva del rival. La guinda a estos minutos de buen juego llegó cuando Luisja hizo el 0-2 de tacón después de otra buena jugada iniciada desde la defensa. El partido parecía encarrilado para los de Usera porque los locales a penas creaban ocasiones, si acaso llegaban a intimidar en algunas jugadas ensayadas de corner. Pero llegaron los últimos 3 minutos de la primera mitad y, sin faltar a su cita, los despistes defensivos del R. Usera aparecieron. Prueba de ello fue el empate que reflejaba el marcador en el descanso. En la temporada pasada esto hubiese significado el principio del fin: un equipo roto, sufriendo contraataques y recibiendo goles. Sobretodo cuando se encaja el 3-2 sin merecerlo tras dar una oportunidad la diosa Fortuna a los locales. Pero este año no. El gol no alteró el planteamiento inicial y el Rayo Usera siguió a lo suyo: paciencia, fuego y fe. El partido tomó la dirección que marcó el equipo visitante y Luisja, en una suerte desconocida en él, firmó el empate con un disparo cruzado y lejano. El gol del capitán espoleó más aún a los de Usera que se pondrían por delante gracias a la tibia de Rodri tras pase de la muerte de Vivar en la línea de fondo. El 3-5 final llegaría en una falta en la que en la barrera local debieron coincidir dos que no son amigos: el balón se coló por el hueco que dejaron. Los últimos minutos fueron un ejercicio de posesión sin presión para los visitantes.
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